“PREÑANNIUM” 2: LA MAMÁ GESTANTE QUE SOÑABA CON ALEJARSE DE LOS EX-ALUMNOS DE SUS ANTIGUAS CLASES AUN A COSTA DE INVERTIR MÁS TIEMPO, ELECTRICIDAD Y GASOLINA EN SUS DESPLAZAMIENTOS.

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Se acercaba la hora del parto.  Tras mis estresantes experiencias con los alumnos ESÓpatas de mi centro, y dado que cada año suelen pasar por mis manos no menos de ciento cincuenta infantes adolescentes de la ESO y el Bachiller postobligatorio, ya desde el principio de mi embarazo decidí que daría a luz lo más lejos posible de mi zona habitual, para no toparme con ningún alumno o ex-alumno ni por asomo, y con este motivo me busqué un ginecólogo que me atendiese en un hospital lo más alejado posible de mi domicilio, e incluso de mi población.

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¿Por qué?, os preguntaréis, sin duda. Pues… Porque en el hospital más cercano que me tocaba por zona, donde suelo ir para mis males menores o mayores, y al vivir en una población más bien pequeña, entre un alto porcentaje de enfermeras, camilleros y doctores actualmente ejerciendo, se hallaban bastantes de mis excelsos ex-alumnos del antiguo COU.

Sinceramente, no me apetecía para nada toparme con ellos en pleno parto. Ya tuve bastante con encontrarme con que el camillero de la ambulancia convocada por la conserje tras mi aparatosa caída provocada por el aspirante a asesino psicópata (ver Preñannium 1) era un antiguo ex-alumno mío que me reconoció, aunque yo no a él…

Probad a reconocer a gente con quienes interactuasteis diez, quince o veinte años atrás, a ver si os acordáis. 

Y si bien actualmente pasan por mis manos aproximadamente unos 150 alumnos cada año, con el antiguo bachillerato y el COU la cifra aumentaba considerablemente, con una media de 250 alumnos anuales… A ver quién tiene tanta memoria. Ellos, sí, que sólo tenían a un profe por asignatura por año, sumando un máximo de diez o doce, creo. No comment.

dinosaurio-profesor-colegio-pintado-por-carlosxd-9843467Sí,  ya he dicho antes que soy una dinosauria de la antigua generación pre-Reforma, pre-LOE, LOGSE, LOMCE y otras sandeces, digo, lindezas acrónimas de esas sopas de letras que tanto gustan a los “reformistas” cuatrianuales, que cada nuevo cambio de gobierno inflige al sufrido profesorado y al despistado alumnado, mareando la perdiz para que los nacionalitos de hoy cada vez aprendan menos, así pensarán menos, cuestionarán menos y serán marionetas paganas de lo más manejables para los próceres de la nación, que así continuarán aferrados al poder con uñas y dientes, mientras siguen desplumándonos y forrándose a costa de las arcas nacionales, autonómicas, municipales y demás, so capa de democracia.

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Oh, claro. Todavía tenemos libertad de expresión, así que, ¿de qué me quejo? Otrosí, si criticase al sistema como hago ahora, tal vez hubiese topado con la censura de antaño, mucho más sutil y disimulada hogaño.

En vez de reformar la antigua FP como hubiese sido de desear, se cargaron el bachillerato, nos infligieron ESO que sabe y huele a ludoteca pseudo-culturizante para adolescentes, reduciendo el bachiller a su mínima expresión post-obligatoria, y aguando cada vez más los contenidos educativos con cada supuesto cambio de gobierno – tal vez cambien las siglas, pero siguen los mismos ladrones e incompetentes  de siempre – poniendo palos a las ruedas de quienes intentamos enseñar, educar y civilizar a los ni-nis resultantes de tanto “kumbayanismo educativo“… Pa qué seguir…

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¿…?

El caso es que, esperando poder burlar al avieso Karma, ilusa de mí, me busqué un ginecólogo lo más lejos que pude, a una distancia asequible para mí en tren y/o autobús, hallándolo a unos 40 kilómetros de mi domicilio, en un hospital donde, en ninguna de mis visitas de control del embarazo hallé ni la más mínima sombra de un ex-alumno, para mi completa satisfacción y paz de espíritu.

En ésas que me llega el día del parto, más o menos en la fecha prevista… En plena madrugada invernal. Tras un par de falsas alarmas, notando que he roto aguas, despierto a mi amado marido.

Man Is Assisting His Pregnant Wife Who Is In Labor

-Esta vez va de veras, cariño… – murmuro entre contracción y contracción.

-¿Van muy seguidas?, – me pregunta, repitiéndome los consejos típicos de las clases pre-parto a las que, como Bridget Jones, asistimos ambos para prepararnos para un supuesto “parto sin dolor”.

¿Sin dolor, digo?

¡Joder, si me dolió! O soy la peor alumna de clases pre-parto sobre la Tierra, o en aquél momento se me olvidó TODO, excepto que debía respirar y empujar al llegar el momento. Lo que no esperaba fue que el momento llegase en plena noche, o de madrugada, interrumpiendo mi sueño y el de mi marido.

Cuando se hizo evidente que sí estaba de parto, con contracciones cada diez a siete minutos, llamamos a un taxi para que nos llevase al hospital.

¿A un taxi? Sí claro, mi Karmi… ¿Creías que escaparías de mí?

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La única compañía de taxis local, en aquel entonces, no contestaba, saltando un mensaje automático con el rollo de que todas sus líneas estaban ocupadas, como en lógica tradición de la ley de Murphy debe ser…

Y yo ¡Ay! Dale que te pego, respirando, echando ayes y contando contracciones…

Tras varios vanos intentos de pedir nuestro taxi, me acordé de mi mejor amiga de cuando yo trabajaba como voluntaria en la Cruz Roja, ya fuese como camillera o en la centralita, amén de otros menesteres en mi voluntariado en esta institución. Así que, ni corta ni perezosa, le di a mi marido el teléfono de mi amiga y de la centralita donde yo fui voluntaria, con la tenue esperanza de que, por una vez, Murphy, sus leyes y mi avieso Karma me diesen un respiro, y me permitiesen contactar con mi amiga, para pedirle consejo, o si sabía de una compañía de taxis alternativa, pues tenía entendido que no podía pedir una ambulancia para un parto.6167-dibujos-ambulancia

Por uno de esos milagros que a veces ocurren, fue mi amiga quien se puso al teléfono, pues – casualidades de la vida – estaba de guardia precisamente aquella mismísima noche-madrugada, como yo misma había estado tantas veces. Mi amiga me dijo que no me preocupase, que me mandaba ella misma una ambulancia.

Y efectivamente, no tardó en llegar una ambulancia… en la que ambos camilleros y el conductor eran viejos conocidos míos. Uno, por ex-compañero de voluntariado, los otros por ser ex-alumnos míos de COU…

Y yo que no quería toparme con ex-alumnos…

-Tranquila, seño, que te llevamos al hospital… ¿Te acuerdas de Zutanito? Pues es doctor, en la Maternidad de nuestro hospital universitario, y hoy está de turno… Estás de suerte.

-¿Zutanito? ¿De suerte?

¿Y cómo carajo quiere que me acuerde? Aaaayyyy…

 –Sí, ése compañero nuestro que trajo su papagayo a tu clase un día, ¿recuerdas? ¿Te acuerdas de cuando se escapó y estuvimos persiguiéndolo por el aula?animal-84485_960_720parrot

¿Qué si me acuerdo? ¡Joder, si me acuerdo! Como si olvidar a aquel bicho que se cagó en los exámenes de mi mesa (literalmente) fuese tan fácil…

Jope, qué asco. Pues si no es por su bicharraco, no, no recordaba al susodicho Zutanito…

Claro que le hice limpiar los exámenes a él, faltaría. Pero qué puedes esperar de un chaval diecisieteañero… ¿Y ahora es ginecólogo? ¿En nuestro hospital local? Jope…

-Anda, cómo te cabreaste, seño….

-Vosotros no tuvisteis que explicar las manchas de la cagada en l…aaayyy!

– Tranquila, seño, no es más que una contracción… En un pispás llegamos al Hospital Universitario  XXXX.

– Nonononononono… Que mi médico está en el Hospital YYYY, a unos cuarenta quilómetros de aquí… Precisamente no quería encontrarme con más ex… aaaaaaayyyyy!

Mi marido les da las indicaciones.

– Pero, ¿por qué, seño? Si tus clases eran las que más nos gustaban… No nos portábamos tan mal… ¡Si hasta tú te reías con nosotros y hacías que aprender inglés pareciese fácil, con las canciones, los vídeos y sketches que hacíamos…!

– No, no. No lo digo por el COU. El problema empezó con eso de la ESO, hace como un par de eternos años… Con lo bien que iban el bachi y el COU antes…  Especialmente en nocturno…

Viendo mi cara de sufrimiento, mi ex-alumno me insta a respirar y va contando el tiempo entre contracciones. Pronto llegamos al hospital YYYY, donde mi media naranja ya ha avisado a mi médico.

Me entran en el hospital en una de esas sillas de ruedas, mientras entre ay y ay, yo sigo respirando.  Me llevan a una sala – la sala de dilatación, creo – donde una enfermera toma mis datos, y con mi marido va haciendo los trámites necesarios para mi ingreso. Me dejan esperando un momento.

Cuando vuelve la enfermera…

Ay, que no es la enfermera de antes…

 – ¡Seeeeeñññoooooooo!

¿Seeeeeñññoooooooo? No, no, no, no puede ser… Esto es un mal sueño, una pesadilla… Una jugarreta del destino… ¿Una karmavalada?

 – Ya me sonaba tu nombre, al ver tu ficha… ¿Te acuerdas de mí, seño? Estuve en tus clases en nocturno hace como la tira de años… ¡Mira qué casualidad! Soy tu comadrona, seño. Hoy estoy de turno…  Eh… ¿Qué te pasa, seño?

 ¡Maldito karma! ¡Joder, que me da un soponcio! ¡Me alejé cuarenta kilómetros de casa para no toparme con ex… aaaaaaayyyyy! Ni siquiera recuerdo su nombre… ¿Cómo espera que recuerde los nombres de mis alumnos de hace como la tira de años?

Nada, nada, aaayy… Son las contracciones, nada mááásss… No… Aaayyyy…

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– Respira, seño, tranquila.  Mira, voy a hacerte una exploración… Tu ginecólogo no puede venir, pero no te preocupes. Mi compañero, el doctor Menganito, es el ginecólogo de guardia hoy.  Ya verás como todo va bien, seño. ¿Ya sabes si es niño o niña?

¿Menganito? ¿De qué me suena ese nombre? No, no, no, eso es un mal sueño…

– ¡No me llames seño, caray! Ay, ay, ay, ay… Canta y no llores… Es broooo…maaayy… Niii…ññaaaa… Es niña. Una niña.

– Todo bien, seño. Casi cinco centímetros de dilatación, sólo falta un poquito. Tendrás una hija preciosa… Ponte esto, seño. No sabía que te habías casado. ¿Tu marido quiere estar contigo durante el parto?

Me da una bata de esas de hospital. Mi marido me ayuda a ponérmela y dice que sí, que se queda conmigo todo el parto. La comadrona me acomoda en una cama de esas donde una va a dar a luz, y realiza sus controles rutinarios mientras yo trato de recordar lo aprendido en las clases prenatales, tratando de respirar, relajarme y controlar el dolor. Me pone un catéter o lo que sea en el brazo, supongo que es lo normal.aneste

Entra el anestesista, preguntando si sigo queriendo la epidural.

En estos momento, me olvido de partos sin dolor y otras chorradas y digo que sí, que me la pongan por favor.

Mientras me está preguntando lo de siempre sobre alergias y demás, tomando mis constantes, etc., entra el ginecólogo.

Pero si ya se lo dije en otra visita…

– Buenas madrugadas, señora…. ¡Seeeeeñññoooooooo!

¿Señora “Seeeeeñññoooooooo”? ¿Dejà vu? Nonononononono…

– ¿Te acuerdas de mí, seño? Fui alumno tuyo en segundo bachi y COU nocturno en el año…

 Nonononononono. Mi karma me odia… ¿Y para esto he recorrido CUA-REN-TA  kilómetros? ¡Pardiez!

Apretando los dientes, replico,

-No. No me acueeeerdoooy… Oh, diossss.. Es que cada añññño… Ufff… Pasabais por mis manos como 250 de vosotrosssh… Ay…¡Y-por-favor-no-me-llaméis-seño! ¡Hace la tira que no soy vuestra ssseñññoooaaayyy!

– Cinco centímetros…

El anestesista (por suerte es el primer profesional no-ex-alumno mío que me atiende, aunque no puede contener su jolgorio ante la situación, con una profe mamá gestante añosa primípara dando a luz ante sus ex-alumnos ahora médico ginecólogo y comadrona) me pone la epidural, instándome a estar muy quieta. No quiero perjudicar a mi bebé, pero duele tanto… 

Estoy quieta como un palo hasta que me dicen que ya está. Creo que pasan unos quince minutos cuando empiezo a sentir sus efectos. Toda una vida laboral midiendo el tiempo de cada actividad de aprendizaje para maximizar mis horas de clase me han dado un sentido bastante preciso de las temporizaciones… a veces.

 – Tranquila, seño… Vas dilatando bien… Ya estás de seis centímetros… Contracciones cada cuatro minutos… Respira, seño.Cursos-de-preparacion-al-parto

Y dale que te pego, no me llames señooo…

Pero las contracciones sólo me permiten respirar. La comadrona va midiendo tiempos y dilataciones, pero a mí el proceso se me hace eterno.

– Ánimo, seño. Ya estás de ocho centímetros.

Ooohh, que esto se aceleraaaaayyy…. Y ya no duele tanto, y me entra una risa tonta, y me siento eufórica.

-Vamos, seño, que eso va muy bien… Sigue dilatando…

 Le digo a mi cuerpo mentalmente que siga dilatando, que quiero irme a casa ya….

Ooohh, que esto se acelera todavía más….

– Nueve centímetros y medio, ya casi estamos, seño…

Respira, Karmi, respira…  uno, dos, tres… un minuto… dos minutos… uuuhh… No debería notar nada, ¿verdad?

– Diez centímetros, seño….

Y dale con “seño”…. ¿Diez, ya? ¡Ay Dios…!

–  ¡Empuja, seño, empuja!

¿Que empuje? Respiro, empujo…

–  ¡Vuelve a empujar, va, seño, tú puedes! ¡Empuja con ganas, seño, empuja ya!

– ¡Pero si ya empujo!

-¡Empuja más, seño, que ya sale su cabecita! ¡Empuja, empuja! ¡Ánimo, seño!

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– ¡Uuhhhh, que ya empujo empujo! ¡Y dejad de llamarme seño,  caray, ex-alumnos!

– ¡Ánimo, que ya se le ven los hombros… Oh, no, retrocede… El cordón…

-¡No tendrá problemas, ¿no?! ¿Le voltea el cuello?

-Tranquila, seño. Para eso estoy yo, para que no haya problemas. Tendrás a tu bebé… sana y salva. Sigue empujando con ganas, seño…

¡QUE NO ME LLAMÉIS “SEÑO”, NARICESSSSHHH!

Es una batalla perdida, eso de que no me llamen “seño”. Respecto a mi hijita… ¿Cuánto hace que empujo? ¿Cuánto dura el efecto de la epidural? ¿Un par de horas o así? ¡Dios, que mi nenita nazca ya, por favor…!

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Para abreviar, cuando finalmente me pusieron a mi bebé en brazos habían pasado como trece horas. Me informaron de la episotomía, del uso de forceps, de cómo el cordón umbilical dificultaba su nacimiento… Temí que hubiese sufrido privación de oxígeno o algo así. Aunque me sentía tan eufórica, como ida y barboteando incoherencias, que no estoy muy segura de nada. ¿Efecto de las oxitocinas, o lo que fuese, amén de la epidural?

Pedí donar o guardar mi cordón umbilical en condiciones, tal como había leído, pero en aquel entonces me informaron de que tal cosa no era posible, pues carecían de lo que fuese adecuado para preservarlo, transportarlo, etc

Debido al largo parto y las complicaciones, mi bebé tuvo que pasar algún tiempo en la incubadora. ¡Era tan menudita!

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Pero pronto pudimos volver a casa. Esta vez en taxi.

Y sí, estaba cansada y a la vez muy feliz por ser mamá.

Agradezco el apoyo de mi marido, quien estuvo a mi lado en todo momento, con una paciencia de santo. No sé qué hubiese hecho sin él.

No obstante, aunque gracias a Dios todo fue bien, el avieso Karma halló el modo de mortificarme un poquito, cómo no… Pese a mis esfuerzos por eludir la asistencia de antiguos alumnos, fueron unos antiguos alumnos quienes debieron reírse lo suyo al ver a su antigua profe de parto…

Sí, fui la mamá gestante que soñaba con alejarse de los ex–alumnos de sus antiguas clases aun a costa de invertir más tiempo, electricidad y gasolina en los trayectos – (gasolina del bus, del taxi y electricidad del tren) y que, por un avieso Karma, no lo consiguió, ni en sueños.

No, no puedes burlar al Karma.

Mi vano intento de eludir ex-alumnos, propiciado por los nefastos dos primeros años de la ESO y el imperio de los ni-ni esarras que boicoteaban las clases aunque intentases enseñar inglés a ritmo de rap y pop, e incluso con salero flamenco  – hay castizas versiones de los Beatles a ritmo de guitarra flamenca, como por ejemplo, All my loving, de Los Manolos –, inventando mil y una maneras de “entretener” a los nenes con actividades variadas propias de parvulitos por eso del cortísimo tiempo de atención general adolescente que no ha superado ni el tercer curso de la primaria (los grupos que más tenía a mi cargo, ay de mí, en diurno), quienes ante la indisciplina general y tarjeta de inimPUTAbilidad gratuita podían matarte impunemente, me costó perder más tiempo en viajes por los controles pre y post natales, pagando billetes de tren más caros que si hubiese permanecido en mi localidad usando el bus, amén de las largas caminatas del tren al hospital (aunque bueno, eso no fue tan malo, pues me aconsejaron caminar, por eso de moverme -antes del empujoncito asesino del inimPUTAble, claro) e invirtiendo más tiempo en ir y venir que lo que duraban las propias visitas en sí.

Juro que, de haberlo previsto, me habría quedado en mi zona…

Debo añadir, no obstante, que los ex-alumnos que me atendieron fueron algunos de mis mejores alumnos mientras fui su profe, y que como profesionales, demostraron su profesionalidad como la copa de un pino, en todo momento atentos, educados, y tan agradables como los recordaba. Ni punto de comparación con los esarras en aquel momento a mi cargo.

Bueno, después de todo no fue tan mal mi “Preñannium…” Un “Annium” movidito, sin duda. Nueve mesecitos de un año preñada, tres mesecitos gozando del aburrido “dolce far niente de niente” gracias a un ataque de un infante psicópata inimPUTAble, ahí es nada… Aunque no pude eludir a mi avieso Karma totalmente… Karmavaladas de la vida…

Karma, date por contento. No pude escapar de tí. Después de todo, ¿Cuántas profes preñadas fueron agredidas por un zumbao “aprendiz de” criminal y asistidas en el parto por sus propios ex-alumnos, merced al travieso Karma? Yo no conozco a ninguna…

 Chapeau, mon chère  Karma! Bien me la has jugado, sin duda…

“Karma mío, procura dejarme en paz esos primeros tres meses, que soy madre primeriza y mi niñita me necesita…”, pensé yo, amamantando a mi bebé, y deseando poder volver a casa.

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