Misóginos de Aquí y de Alá (1): Lluvia de Piedras.

Pese a lo que el título de esta entrada pueda hacer creer. debo hacer un Disclaimer, como dicen en inglés,  para que no haya malentendidos. Lo menciono, por el contenido de esta entrada y las siguientes que iré añadiendo, relacionadas con el tema.

Insisto. Que quede bien claro que no me considero racista. Sin embargo, mi Karma-Anécdota de hoy tiene mucho que ver con ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en el barrio donde trabajo, llegando incluso a la prensa en los años 1999,  2012,  2015 2017, en plenas oleadas de amenazas del terrorismo islámico yihadista.

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Si bien los principales implicados profesaban la religión musulmana, que quede bien claro que no pretendo con esta entrada poner en el mismo saco a los misóginos de uno y otro bando, ni – Dios me libre – condenar a todos los adeptos de esta religión, metiéndolos en el mismo saco, junto con los misóginos de cualquier signo – o de ninguna otra creencia. No estoy condenando a todos los creyentes musulmanes por la intolerancia, estupidez y maldad de tan sólo algunos malnacidos cagarros de mierda. No me meto con ninguna religión. Ni la musulmana, ni ninguna otra.

Estamos en un país libre, o eso pretendo asumir, donde se supone que uno puede creer lo que le dé la gana, siempre que respete a los demás y a su derecho de profesar lo que les dé la puta gana, siempre y cuando dichos creyentes acepten respetas en igual medida a cualquier otro credo, religión o tradiciones distintas a la propia, por infieles, paganas, o dejadas de la mano de Dios que los intolerantes pretendan predicar en contra de quienes piensan de manera diferente.

Además, aunque algunos de los implicados fuesen fanáticos extremistas – no olvidemos que, de haberlos, haylos, y en exceso, EN TODAS PARTES, CREDOS E IDEOLOGÍAS – muchos de los que conozco adeptos a esta religión NO SON ASÍ NI DE LEJOS, antes al contrario, son atentos, amables, respetuosos, bien integrados, y responsables, que no se meten con quienes profesan otras creencias. Que quede bien claro, repito, que no me estoy metiendo con la religión musulmana, a la cual respeto en igual medida que respeto a cualquier otra creencia bajo el Sol. Ni más, ni menos. Simplemente, expongo aquellos eventos que mi maldito Karma manipulase para que otros se metan conmigo, y que en este caso pertenecían a esta etnia y / o a esta religión en concreto.

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Lo que sí critico, condeno y desprecio es la misoginia y el machismo  (así como el hembrismo), vengan de donde vengan.  Mala suerte – cosas del  maldito Karma – si mis próximas entradas tienen que ver con fanáticos de Alá, skins, machistas  y cabrones palurdos carpetovetónicos de aquí y  acá, e inimPUTAbles cabrones aprendices de yihadistas de alá en potencia, no aptos para sentencia por ser menores de edad penal, según las leyes locales, a diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos o el Reino Unido, por ejemplo, respecto a los adolescentes asesinos, delincuentes reincidentes, vándalos o potenciales aprendices de yihadistas  terroristas que, desgraciadamente en este país no son obligados a asumir las consecuencias de sus delictivos actos y a pagar por sus desmanes de manera proporcional al delito cometido.

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Así que aquí empezaré comentando mis topetazos con nuestros “inimPUTAbles” locales, aprendices de yihadistas de Alá. Puesto que el español es mi segunda lengua y originalmente escribo mis entradas en español primero, al traducirlas al inglés tengo que pensar lo más parecido al sentido original, naturalmente, con mayor o menor fortuna. O sea,  el título que le he dado a esta entrada pretende jugar con los conceptos de “Allá” (= There) y “Alá ( = Allah). Y por favor, que quede claro que no pretendo “tomar el nombre de Dios (en cualquiera de sus patronímicos culturales) en vano”.

No me meto con Dios, ni con la idea de Dios. Con quienes sí me meto es con quienes hipócritamente toman el nombre de Dios como sangrienta bandera para desatar su violencia contra otros seres humanos, despreciando, faltando al respeto, insultando, haciendo daño, hiriendo, discriminando o matando a quienes discrepan de sus creencias misóginas, a quienes son de otro sexo al cual subyugan y esclavizan, tildándole de “débil”, a quienes destruyen otras culturas, a quienes discriminan a sus semejantes por su sexo, orientación sexual, color de la piel, creencias, civilizaciones, etnias, culturas, minorías, países, acentos o idiomas nativos.

Me prometí a mí misma que en mi blog hablaría de lo que a mí me de la gana, básicamente refiriendo anécdotas donde el maldito Karma me ha jorobado la vida en mayor o menor medida, a veces de manera indignante, otras tal vez hilarante o cuando menos irónica, e incluso en ocasiones, divertida. Y si quiero comentar mis roces con ciertos alá-fanáticos, lo haré.

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Me la suda si me tachan de “racista”. Ciertos racismos van en doble dirección, pues lo que voy a explicar a continuación, a mi entender ilustra el racismo contra nuestra abierta civilización por parte de ciertos fanáticos misóginos que harían mejor dejándonos en paz, aprendiendo a respetar a su país de acogida si quieren ser respetados en igual medida, o largándose a sus misóginos pastos de donde son oriundos. Naturalmente, mi actual diatriba no va dirigida a quienes sí respetan. No pretendo meterme con sus ideas o creencias en general. Sólo me meto con aquello que atenta contra la dignidad humana, y más concretamente, aquellas que discriminan a la mujer por ser mujer, o a lo que sea que propicie la violencia gratuita, por diversión. Ojalá toda misoginia, toda misógina idiotez, fuera borrada de la superficie de la Tierra. Repito, ojalá pudiésemos eliminar la jodida misoginia, esa lacra de infumable fetidez misógina y machista que nos abruma.

Ligándolo a mi entrada anterior, ya habiendo dado a luz a mi primogénita,  mi inicial encontronazo con estos a quienes llamé “aprendices de yihadistas” en un primer momento, en realidad podrían interpretarse como “malditos putos gamberros adolescentes inimPUTAbles que resultaron ser árabes (Dudo que ninguno ellos practicase su religión de verdad, salvo en las formas machisto-misóginas que justificasen sus hipócritas desmanes)”, buscando cómo divertirse a costa de aterrorizar a una “profe” de su “insti”  – que en algunos casos ni siquiera era profe directa de todos los susodichos malos bichos – para divertirse.lunapic_arabidiots

Aunque no había visto ni a la mitad de esa manada de salvajes desalmados podridos trogloditas hijos de la gran puta, malditos pandilleros racistas que nos echaban de nuestras propias casas con sus desmanes, reconquistando Al-Ándalus, a fuerza de oleada migratoria y con el jodido fruto de sus prolíficos vientres, como me aulló una vez una fémina, berreante perla yihadista aspirante a terrorista del Isis, que creo posteriormente fue arrestada por la policía en la redada anti-yihadistas locales sospechosos de planear atentados aquí.

Esta primera anécdota referente a los Misóginos De Aquí, Acá y Alá no tiene tanto que ver con ninguna religión, en realidad, y en mi opinión a posteriori, como con ciertos individuos indeseables que flaco favor hicieron a su etnia, implicándose en actos de vandalismo, aterrorizando al vecindario no-árabe, y en cierto modo propiciando los disturbios del barrio que tuvieron lugar en el año 1999 con sus incívicas salvajadas.stock-vector-angry-running-cavemen-vectocavenm.jpg

Que conste, no estoy condenando a una etnia concreta, sino tan solo a los salvajes que con sus desmanes crearon un clima de inseguridad y confrontación para nada deseables. Aunque fuesen árabes, sus cabronadas no tienen por qué condenar a toda una etnia ni de coña.Casuals-against-terrorisme.jpg

No estoy despotricando contra dicha etnia, sino sólo contra los cabrones salvajes, despreciable bazofia que, so capa de creencias y etnias contrapuestas, se complacen en aterrorizar al vecindario, creando un indeseable clima de violencia falsamente disfrazada de motivaciones étnico-religiosas con el deseo de divertirse creando malestar social e innecesarias confrontaciones, con desatada violencia en sus salvajes ultrajes.

En aquellos tiempos, las oleadas migratorias procedentes básicamente de Marruecos fueron convirtiendo paulatinamente lo que otrora fuese un barrio de honrados trabajadores nacionales en una especie de banlieu mayoritariamente poblado por inmigrantes de origen marroquí.

Bueno, al grano. Mi primer encontronazo con esos ESOarralaítas (Alumnos terroristas de la  ESO hijos de Alá con comportamientos trogloditas) fue de pesadilla, indignante, espeluznante y terrorífico para mí, una aterradora experiencia que no le deseo a nadie. Cosas del maldito Karma, supongo. Menuda putada, Karma de mierda.

El caso es que, hallándome de baja maternal tras el nacimiento de mi primogénita, cuando ésta apenas contaba un mes de vida, aquel aciago día salí de compras con mi hijita, en su cochecito, pues necesitaba pañales y otras cosas. La salida fue bien, como de costumbre. Pero a la vuelta, al cruzar la placita justo frente a mi domicilio de entonces, fue cuando viví en carne propia un conato de lapidación por parte de los malditos ESOárrabes del barrio, malditos sean sus progenitores y toda su descendencia hasta la treintagésima generación, como mínimo. Me cago en sus putos átomos. Ojalá se les pudran los putos cojones y reciban tanto daño como causan. Sí, estoy más que cabreada. ¿Y qué?

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Sí, una puta banda de esos capullos desalmados inimPUTAbles hijos de la gran puta la tomaron conmigo y con mi niña, apedreándome, insultando a la “profe” (aunque no era su “profe”), carcajeándose mientras yo huía de su jodida Lluvia de Piedras, insultando a la puta profe que ni siquiera los tenía en clase, riéndose de mi sexo y de mi reciente maternidad, aullando cual hienas sedientas de sangre, riéndose con malevolencia, persiguiéndome calle abajo mientras yo corría como alma que lleva el diablo empujando el cochecito cargado con mi bebé y la compra, procurando no volcar, no caer, pidiendo ayuda…

¿Pero qué ayuda podía esperar de otras  madres gestantes y ancianos jubilados, mayormente  la población autóctona del barrio?

Por suerte ni una sola piedra dio a mi niña, bien protegida bajo la cubierta del cochecito, aunque yo recibí alguna que otra pedrada en mis brazos y piernas, y unopedradacabeza de sus jodidos misiles me rozó la sien, produciéndome el correspondiente sangrante rasguño, espeluznándome lo indecible. Por supuesto, no me  paré a ver quiénes eran los putos cabrones trogloditas que me apedreaban, sino que salí por piernas, cagando leches,  empujando mi cargado cochecito hasta mi casa, cagándome en esos putos cabrones, maldiciendo a los putos cabrones de mierda,  gritando, pidiendo socorro, aterrorizada, preguntándome dónde coño hay un puto poli cuando lo necesitas. Claro que en un banlieu no hay polis, por supuesto. ¡Qué estúpida, pues no esperaba yo tropezar con alguno…!

Mi marido – recién llegado a casa del trabajo para comer – me oyó gritar desde las escaleras de nuestro piso y bajó corriendo en mi auxilio. Se ocupó del cochecito y la compra mientras yo subía con mi bebé en brazos. Nuestro bloque carecía de ascensor, en aquel entonces, pues el edificio tenía más de cuarenta años, y en aquél entonces no se estilaba el lujo de poner ascensores a los bloques de pisos baratos.

Ya en casa, mi marido me ayudó a limpiar el rasguño en mi frente, gracias a Dios una simple rozadura, aunque me dolía un montón, y me acompañó al hospital, por si las pedradas me hubiesen afectado más de lo que parecía, por si fuese necesaria una inyección antitetánica, por si la pedrada me hubiese causado una leve conmoción o fuese más serio el asunto de lo que parecía, Además, para el informe policial iría bien el informe médico. Sinceramente, yo estaba dolorida, aterrada y furiosa.

Siempre he pensado que si llegan a dañar a mi hijita, les hubiese matado a todos, de haber podido. Por suerte, Dios no lo quiso. 

Aterrorizada y dolorida – joder, una puta pedrada duele a morir, aunque no te mate en realidad, lo juro. Lloro por dentro al pensar lo que las pobres mujeres árabes padecen si las someten a tan sádica tortura, matándolas lentamente a pedrada limpia para que sufran más, condenadas por el sucio capricho de sus misóginos verdugos, sádicos psicópatas torturadores que merecerían les cortasen los putos cojones tras machacárselos con sus propios misiles troglodíticos.

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Así que fuimos a la policía, a declarar lo ocurrido en la comisaría más cercana. Por supuesto, no pude darle al machista poli que nos atendió el nombre y apellido, domicilio y teléfono de ninguno de los capullos salvajes que nos atacaron a mi bebé y a mí. Insisto, mis agresores NO ERAN ALUMNOS MÍOS, aunque alguno de ellos pasease sus putos huevos por el centro cuando no hacía campana.

La mayoría juraría que ni siquiera eran alumnos del centro (de eso estoy bien segura) y todos ellos no eran más que unos payasos inadaptados sin nada mejor que hacer que agredir y apedrear a mamás y ancianos autóctonos, especialmente si eran mujeres, tal vez como perverso entrenamiento para lapidar a sus díscolas mujeres condenadas a morir por lapidación por cometer tan gravísimos pecados como por ejemplo, dejarse violar, mostrar alevosa y descocadamente una pulgadita de su `womenwartobillo a través del burka al andar, caminar haciendo demasiado ruido con los zapatos, o ponerse un poquito de pintalabios a escondidas, depravada costumbre occidental donde las haya, ésta, o cualquier otra retorcida excusa que sus misóginos amos, quiero decir, machos, utilicen como excusa para apedrearlas a muerte según sus sádicas sharias o como se llamen. Quién sabe qué chorrada puede disparar sus psicópatas fantasías misóginas contra mujeres y bebés.

En definitiva, en vez de ser diplomático y fingir que ya lo investigarían, para tranquilizarme, el santo varón policía que nos atendió dijo que si eran menores, la denuncia no se cursaría, pues no podían actuar por ley contra los menores, y menos si  yo no sabía sus nombres.. Cómo no, al no poder dar nombres y apellidos de los desgraciados que, reitero, NO ERAN ALUMNOS DIRECTOS MÍOS aunque sí algunos me sonaban del centro donde trabajo, que no todos ellos ni de coña, y al tratarse de menores inimPUTAbles”, el mismo policía que me atendió me insistió en que retirase la denuncia, pues no podían actuar ni detener a nadie al tratarse de menores, y por tanto, la policía no intervendría, simplemente archivando el caso, pues los putos adolescentes eran, repito, unos putos cabrones inimPUTAbles.

En otras palabras, pueden matar y eludir el castigo, especialmente si su supuesta víctima es una puta profe de mierda incapaz de identificarles.

Ahora que caigo, joder, sí, incluso si tu  agresor es un adulto desconocido del cual ignoras su nombre, apellidos, edad, teléfono y dirección, por adulto que sea, al no poder identificarle y servírselo en bandeja de plata a la policía, si no te ha matado, violado, o robado, ni siquiera se molestarán en dedicar nada a buscar a tu agresor. Claro, con eso de los recortes van desbordados, ¿no?

Como una mujer policía recientemente me comentó con amabilidad, las merasset-teenage-hooligans-vector-illustrations-75750467.jpg agresiones por parte de desconocidos, si no te matan, violan o roban, no progresan al no poder identificar a tu agresor, y si insistes en denunciar es perder el tiempo, pues se archivan como casos pendientes o no resueltos. Me sentí apedreadamente estupefacta.

Joder, tío. ¿Eso significa que cualquiera puede atacar por capricho al primer capullo que se le cruce en el camino porque sí, siempre que no te identifiquen, de modo que te sale gratis dar un tortazo por capricho al primer hijo de vecino desconocido que se te acerque? ¿Eso sólo sucede en este país, o es en todas partes? ¿Me podré ir de rositas si desahogo mi reprimida furia lanzando tortazos a diestro y siniestro por capricho si sé que nadie me va a reconocer? ¿Se tendrían que joder sin poder actuar los polis machistas si las agredidas fuesen su madre, su mujer, sus hijas o sus hermanas? ¡No lo creo, joder! ¡Qué cojones!

Así, el poli insiste en que él no puede hacer una mierda al respecto, y que mejor yo debiera retirar la denuncia. Me enciendo, enojada y le suelto que no me da la puta gana de retirar una puta mierda, pues vivo ahí y si vuelven a atacarme y resulto más malherida o si me asesinan quiero que conste quiénes fueron, y me la suda si cuando me largue de esa comisarías archivan mi denuncia o la usan para limpiarse el puto culo.

throwing-stones-at-glass-housesjpg.jpgSotto voce, otro poli que ha oído mi declaración añade, por lo bajini, de modo que solo yo lo oigo, que ya están hasta los putos huevos de arrestar a esos bastardos inimPUTAbles una y otra vez, debiendo soltarles por tratarse de bastardos menores de edad penal, y que mi queja respecto a apedreamientos vecinales no es la primera que reciben por parte de ciudadanos autóctonos contra bandas de niñatos inmigrantes que aterrorizan al vecindario no árabe.

Esos bastardos también han apedreado desde el puente al tren y a lospedradas2 pocos vehículos que circulan ocasionalmente por la zona, cargándose lunas de coches y comercios a pedrada limpia por diversión, vandalizando mobiliario urbano y tiendecillas locales, prácticamente echando a los ciudadanos autóctonos de esos barrios con sus tácticas terroristas de intimidación y acoso vecinal.

Incluso cazándolos con las manos en la masa, hasta que por fin conseguimos bajar la edad penal de los 18 a los 16, un niñato era intocable hasta su mayoría de edad, en aquél entonces. No es de extrañar que los ánimos en el barrio estuviesen cuando menos muy tensos, y que la mayoría de quienes podían optasen por malvender, huyendo del barrio, antes que continuar arriesgando la vida cada vez que salían a la calle para ir al supermercado, por ejemplo, condenados a seguir viviendo con miedo.

Cuando terminamos de declarar nos fuimos a casa, con nuestro bebé. Mi marido declaró que él no había visto gran cosa, al salir corriendo cuando oyó mis gritos, tan sólo una manada de adolescentes gritando insultos y corriendo calle abajo cuando salió a ver qué ocurría y me vio correr con el cochecito, acudiendo en mi ayuda a toda prisa

No obstante, mi marido me llevó a visitar a nuestro médico de familia pues me dio un ataque de pánico, ansiedad y terror. Éste me prescribió un calmante suave y algunas pastillas para el dolor y la ansiedad, la probable conmoción y la depresión. Tuve que comentarle mi miedo a volver al trabajo sabiendo que me encontraría con alguno de esos cabrones en los pasillos e incluso en mis clases, al acabar mi baja maternal, y que no quería verles ni de coña.

¿Cómo iba a reincorporarme, teniendo que cruzarme con esos jodidos inimPUTAbles cada día, temiendo por una repetición de su salvaje diversión? ¿Y si me mataban? Sí, temía por mi vida, temía salir a la calle, temía el fin de mi baja maternal, y entré en una depresión de caballo, naturalmente, y como daba de mamar a mi niña (aun complementando con biberones) no osé tomar antidepresivos entonces, apoyándome en mi marido y en mi innata resiliencia para superar aquel maldito trago que mi maldito Karma me infligiese.dels-carrers-zona-nord-del-barri-1287865527045.jpg

No es de extrañar que muchos de los nacionales fuésemos abandonando nuestro degradado barrio, vendiendo o más bien malvendiendo nuestros pisos para irnos a otros barrios donde nuestras vidas no corriesen peligro, antes que enfrentarnos a esos matones soportando sus desmanes, totalmente incapaces de defendernos o de contar con el apoyo policial para nada. Al principio me sentí como si me estuviesen echando de mi propia casa si quería sobrevivir. Ni tampoco debiera sorprender si algunos cabezas rapadas locales – que los teníamos – también se hartaron, hallando la excusa perfecta para estallar en sangrientos disturbios cuando el asunto de la aciaga verbena.

¿Cómo podría volver al trabajo y soportar a esos cabrones, temiendo una repetición de sus cobardes ataques? ¿Y si me mataban? Sí, temía por mi vida al final de mi baja, y caí en una brutal depresión, con agorafobia incluida, amén de un visceral odio por el barrio y las jodidas leyes que impedían la actuación policial, propiciando la anarquía y el dominio de esas bandas, amén de los camellos, los drogatas habituales y las bandas que controlaban el barrio. Lo que más me indigna es la total impunidad con que un menor puede asesinar sin castigo alguno. Pero, empeñada en darle el pecho a mi  bebé, rehusé tomar las pastillas, para no afectarla, a pesar de mi desánimo, mis lágrimas y mis miedos. Lo repito. Confié en ni innata resiliencia y en mi marido para salir adelante, y mi tozudo desafío al maldito Karma, negándome a dejarme hundir por éste.

Sí que supliqué una vez más a mi marido que vendiéramos nuestro piso y fuésemos lo más lejos posible, pues sí, temía por mi vida, que nos largásemos lo más lejos posible de árabes, gitanos navajeros (tuve un incidente con uno), latinos dislocadores y perdigoneros (otro incidente) o nacionales gamberroides que  me conociesen.altovi.jpg

No fue éste mi primer incidente violento en el barrio, ni sería el último. A poco de iniciarse la ESO recibí una paliza de tomo y lomo, pero eso es otra historia. Además, estaba harta de que cierto vecino me tomase por la madre de todos los cabrones del barrio (literalmente), como si yo los hubiese parido a todos – pero eso es oooootra historia.

Por cierto, posteriormente, varios de estos aprendices de yihadistas menores de edad nominalmente registrados como alumnos míos (de verdad, en mi peor grupo, para mi desgracia) o adscritos a mi centro, fueron aprehendidos por la policía cuando se dirigían precisamente a eso, como adeptos reclutados por el criminal isis, a matar a los infieles que pudiese asesinar, ya fuera en mi tierra o en Siria…

Y sí, también salió en la prensa, junto con la detención de la maldita criminal que los reclutaba.

Y estoy más que harta de tener el tipo de alumnos que uno ve en películas como las de Sydney Poitier To Sir, with Love (Rebelión en las Aulas), Tom Berenger, The Substitute (El Sustituto), o Michelle Pfeiffer, Dangerous Minds (Mentes Peligrosas), para hacerse una idea de la fauna que tengo en ciertos grupos de secundaria, desde los 11 a los 18 entre secundaria obligatoria y bachiller, en un centro etiquetado de “conflictivo” aunque no creo que sea más conflictivo que otros centros públicos con el mismo (altísimo) índice de inmigración y la endémica falta de recursos.

Durante ciertos años, sistemáticamente se nos han negado los medios para expulsar a los gamberros y obtener recursos humanos y materiales suficientes para enseñar con dignidad. En ocasiones he carecido de mesas y sillas suficientes para todos mis alumnos, incluso de espacio para meterlas, me he convertido en una experta Improvisadora enseñando sin libros, sin pizarra, sin tiza, sin ordenadores, sin pizarra electrónica, sin fotocopias, sin cuadernos y lápices para todos, sin DVDS y hasta sin aula, enseñando en el patio hasta que la profe de Educación Física me echó de sus fueros, si el tiempo lo permitía, o en el vestíbulo y los pasillos si no, hasta que más que harta, emprendí una peregrinación En Busca del Aula Perdida por todo el centro, llevando a mis alumnos arriba y abajo en ruidosa protesta sin palabras, hasta que localizaba un aula o un espacio donde instalarnos en plan kumbayá… Pero eso es otra historia.

Y encima, se nos exige que hagamos milagros. No te digo…

Afortunadamente, y con la inestimable ayuda de mi querida suegra (QEPD) este mismo año vendimos nuestro piso y nos mudamos lo más lejos que pudimos pagar de mi centro de trabajo.

Por una vez que el maldito Karma me da un respiro…

Bueno, ya está bien por ahora. Continuaré en otras entradas este bloque anecdotario, denunciando y despotricando contra los misóginos de aquí y de alá a los que alude mi título para esta entrada.

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